Magia, reconciliación y relaciones familiares envuelven La tempestad de Shakespeare

La tempestad

Referencia: http://shakespeareobra.wordpress.com/la-tempestad/Imagen

Tragicomedias románticas

Una de las últimas obras de Shakespeare, denominadas tragicomedias románticas o romances, con los elementos característicos: la magia, las relaciones familiares y la reconciliación. Suele hablarse del texto como testamento literario de su autor, puesto que las obras que escribió después fueron elaboradas en colaboración con otros autores, y no alcanzan la calidad de ésta. Siendo Pericles la primera de las cuatro comedias caballerescas finales, sin embargo CimbelinoEl cuento de invierno y La Tempestad constituyen la trilogía de la etapa postrera del Cisne de Avon.

El argumento se considera por la crítica anglosajona uno de los pocos escritos por Shakespeare que no tiene una fuente literaria concreta, junto con Trabajos de amor perdidosSueño de una noche de verano y Las alegres comadres de Windsor. No obstante, se han encontrado antecedentes para párrafos determinados, basados principalmente en relatos contemporáneos de viajes y textos sobre pueblos extranjeros, como De los caníbales, capítulo 30 de los Ensayos de Michel de Montaigne, filósofo francés del XVI. Pero sobre todo hay muchas similitudes con la historia de Nicéforo y Dardano de las Noches de Invierno (Madrid, 1609), de Antonio de Eslava. Esta es la única fuente argumental conocida, aunque sólo se refieren a ella los eruditos españoles.

Los grandes temas que trata se pueden resumir en las dicotomías arte/naturaleza, barbarie/civilización, real/imaginario y venganza/perdón.

El lugar donde se suceden los hechos, que duran lo mismo que su representación (tres horas), está identificado como “el mar” y “una isla”. A lo largo de la obra, nada nos hace pensar que la isla esté en otro mar que no sea el Mediterráneo. Sin embargo, teniendo en cuenta la fecha en que fue escrito, se podría tratar de América y su colonización británica. En el texto se nombran las islas Bermudas, con su mítica historia de naufragios, incluyendo una expedición inglesa de 1609.

Escena de prólogo: el rey de Nápoles, Alfonso, viaja con otros nobles señores en un barco que está siendo azotado por una gran tempestad. Estos pasajeros suben a cubierta, importunando las labores de los marineros. Lo cual añade al oleaje una marejada de discusiones, pero todo está perdido: el barco naufraga.

En una isla cercana, se encuentran Próspero, duque de Milán, y su hija Miranda. Viven en una gruta, y ella no sabe quiénes son. Próspero ha provocado la tempestad que ha hecho naufragar el barco. Ya sin su toga de mago, cuenta a su hija que llegaron allí hace doce años, cuando ella tenía tres. Antes, él había confiado el gobierno de Milán a su hermano Antonio y se había aplicado a las ciencias ocultas. Pero Antonio usurpó el poder y sometió Milán al rey de Nápoles, que le ofreció protección. Así, Próspero y Miranda fueron expulsados de Milán en un barco, que les llevó hasta la isla donde viven.

Miranda se duerme y aparece Ariel, genio del aire a las órdenes de Próspero. Ha cumplido sus órdenes: el barco ha naufragado y los ocupantes se encuentran todos vivos repartidos por la isla. El resto de embarcaciones de la flota ha vuelto a Nápoles convencidos de que todos han muerto. Ariel, según recuerda Próspero, era esclavo de la bruja Sycorax, que fue desterrada a la isla y murió tras parir un ser monstruoso: Calibán, salvaje malhumorado, ahora siervo de Próspero. En cierta ocasión intentó violar a Miranda, pero Próspero se lo impidió.

Ariel, cumpliendo el mandato de Próspero, lleva ante Miranda a Fernando, hijo del rey de Nápoles, proveniente del naufragio, con el propósito de que se enamoren (matrimonio político), aunque finge enojo contra él.

En otra parte de la isla, el resto de supervivientes mantiene una conversación entre jocosa y sabia, que incluye las reflexiones de Gonzalo sobre cómo gobernaría, tomadas de Montaigne. Antonio, el hermano de Próspero, incita a Sebastián a matar a su hermano el rey Alonso mientras duerme. Pero Ariel despierta a Gonzalo, que evita el magnicidio. Alonso busca a su hijo, aunque Antonio y Sebastián creen que ha muerto.

Calibán se tira al suelo para que no le descubran los genios que manda Próspero para torturarle. Pero por allí pasa Trínculo, bufón sobreviviente del naufragio, que se refugia de la lluvia bajo la capa de Calibán. Después llega el borrachín Esteban y da de beber a Calibán, que lo adora como a un dios y le promete servirle. Los tres se emborrachan y se van juntos.

Fernando está ocupado en apilar troncos por orden de Próspero. Miranda le dice que descanse. Los dos se declaran su ardiente amor, y Próspero los espía feliz. Los tres borrachos conversan: Calibán cuenta a Esteban que su anterior amo es malvado y le pide que lo mate y así tomar a Miranda como esposa, reinar sobre la isla y poblarla de Calibanes. Ariel lo ha escuchado y va a contárselo a Próspero.

Toda la isla, presidida por la magia de Próspero, hace sonar músicas variadas. El rey Alonso y sus acompañantes las oyen, igual que antes los borrachines. Ariel aparece en figura de arpía y les habla: a Alonso le dice que el destino le ha privado de su hijo; Sebastián y Antonio aún tienen valor para retar a los espíritus. Pero tanto ellos tres como sus acompañantes quedan presos en el bosque y desesperados.

Próspero autoriza la unión entre su hija y Fernando, explicando a éste que ha superado las pruebas. Ariel prepara una mascarada con sus genios, para la celebración de los esponsales. Aparecen las diosas Ceres, Iris y Juno dando sus bendiciones a los enamorados. Luego unos segadores bailan con unas ninfas.

Próspero recuerda de repente que Calibán, el borracho y el bufón se acercan para matarle. Luego considera que Calibán es “un diablo por nacimiento, sobre cuya naturaleza nada puede obrar la educación” y tiende una trampa a los tres rufianes en su gruta: mientras se entretienen con vestidos relucientes, les envía una jauría de perros que les ponen en fuga.

Ha llegado la hora sexta, y con ella el fin de los trabajos de Próspero, demiurgo de la obra. Se dirige a Alonso, rey de Nápoles; a Sebastián, hermano del rey; y a su propio hermano Antonio, y los perdona a todos. Luego abre la entrada de su gruta y muestra a su hija Miranda jugando al ajedrez con Fernando. Alonso se maravilla de ver a su hijo. Luego son llevados hasta allí el capitán y el contramaestre del barco, que ha sido reparado por Ariel. Y por fin, llegan Esteban, Trínculo y Calibán, que promete ser más razonable en adelante al servir a Próspero. Ariel, tras haber secundado con gran eficacia a Próspero, es puesto en libertad por éste. Todo concluye con el epílogo que recita Próspero, en el que declara abandonada la magia y pide la indulgencia del respetable para obtener su absolución final.

Como apunta Harold Bloom, “La Tempestad no es ni un discurso sobre el colonialismo ni un testamento místico”, haciendo referencia a las falsas interpretaciones que se han dado de la obra. Se trata de una comedia con elementos mágicos que muestra la revancha de un duque, su victoria y su perdón contra los que le habían traicionado. Hay reflexiones bufas sobre el gobierno de los países, idilio entre dos amantes y escenas cómicas. Hay una metáfora general sobre el poder. Todo ello aderezado con la presencia de Calibán, monstruoso salvaje, que ni de lejos se puede defender como símbolo de emancipación indígena.

Próspero el mago, con su duende Ariel, es la versión shakesperiana del Doctor Faustode Marlowe y su diablo Mefistófeles. Como siempre, el genio de Shakespeare no resiste comparación alguna, pero aún así la obra tampoco acaba de cuajar, con su anómala sucesión de fenómenos paranormales. No obstante, La tempestad está considerada como una de las obras maestras de su autor.

El cine se ha atrevido con la pieza en varias ocasiones. Algunas de ellas curiosas, como Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956), que la lleva a la ciencia ficción oTempest (Paul Mazursky, 1979), que la traslada a nuestros días. En 1979, el especialista Derek Jarman la adaptó recibiendo buenas críticas. Peter Greenaway filmó su barroco Prospero’s Books en 1991. Y se espera en 2009 el estreno de la versión de Julie Taymor, con Helen Mirren como Próspera, cambiando el sexo del protagonista.

Algunas de las sentencias que contiene la obra:

Estamos tejidos de la misma tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño.

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